martes, 24 de febrero de 2026

DE "RELATOS, CUENTOS Y OTRAS COSAS"







ENTORNOS.

 

La noche se hacía escayola desde la luz de la menguante luna, atrapándola de forma cercana. Desde que el Hombre tomó conciencia social, decidió reunirse al calor de una muta - en este caso de amistad, según Canetti - y disfrutaba de ella. En esa noche tallada de anochecida me dirigía a una cena; excusa para compartir el tiempo con unas personas amigas y comprobar que el pasado vivido con ellas no fue en vano, que el cambio ejercido por la rotación del mundo en cada uno de nosotros no había deteriorado, de igual forma, los deseos de nuestras escapatorias juveniles, las risas que regalamos después de un chiste oportuno, los bailes discotequeros, las miradas que dibujaban todo antes de ejecutar el lienzo. Subí. Desde la misma puerta de la casa los saludos se superponían unos a otros sin forzamientos. Se daban y se recibían entrañable y cordialmente. Me vi ante unas amigas, - digo esto porque eran mayoría - con las que no compartía un tiempo hacía más de dos lustros. La amistad se sentó y las respuestas a la curiosidad de tan tardío encuentro se mezclaron con las viandas y los caldos, - los anfitriones prepararon una cena que parecía las bodas de Camacho -, madurando un ambiente cálido, agradable. Entre las amigas - ellas se veían con frecuencia - existía una complicidad cartesiana, una ecuación de incógnitas ya despejadas y de solución única. Usted lector, puede pensar que era un reencuentro puntual, una reunión en que las formas correctas debían de prevalecer aun en el caso del disimulo o del aguante. Nada más falso. Alrededor de aquella mesa existían unos amigos, había vida y ganas por cogerla con las manos y una generosidad sin punto de llegada. Hablaba con aquellas amigas y las palabras iban cargando de sentido un nuevo capítulo de mi vida, si bien, éste partía de las páginas de mi juventud. Me sentí orgulloso de estar al lado de mis amigas saboreando unas horas que cada vez me son más escasas. El reloj galopaba por las verdes praderas de las conversaciones, dentro de los silencios, escapándose con el viento de las historias que cada boca moldeaba; los hijos de ellas jugaban y jugaban sin los límites de la rayuela. Anduve por aquel espacio con total placidez, aun sabiendo que llegaría su conclusión; contradicción con Einstein al afirmar que el Espacio es curvo. Yo, en ese instante, sentí que era recto y con final. Ahora, después de despedirme de mis amigas, aquí solo, frente a este folio que cada vez se calienta más con los rescoldos que mi mano es capaz de atizar, presiento que los humanos, por muy mal que estemos creando el presente y, aunque estemos embargando un futuro que no nos pertenece, siempre tendremos un segundo Sol para hacer y estar en paz con el único imperio que desde nuestro enigmático inicio siempre nos ha vencido y al que irremisiblemente pertenecemos. Esa supremacía nos es otra que la Naturaleza. ¡Qué sea pronto ese reencuentro! y que sea tan entrañable como el que yo experimenté una noche de luna partida en una casa amiga de Jaén.


"Casa de Mª del Carmen Pinilla y Manolo".






viernes, 13 de febrero de 2026

DE "RELATOS, CUENTOS Y OTRAS COSAS".

 




Visita al Museo del Prado. Belleza.


Algunas mañanas me pongo en marcha y paseo por las arenas y los olores de El Retiro. Es un camino que abre la sensibilidad de los sentidos, sobre todo la mirada. Los pasos por dicho parque es una buena puerta de contrastes antes de adéntrame en cualquier sala del Museo del Prado. Cada vez que lo visito, y ya van unas cuantas, mi asombro por las figuras, por los objetos o por los paisajes que me rodean, se agranda. La percepción de la belleza me hace mirar y mirar, hecho que luego provoca en mi consciente una reacción de palabras que más tarde me harán viajar a un conocimiento, que, en lucha vana, me acercan al entendimiento de la belleza subjetiva, pues cada uno tenemos diferentes apuntes de ella. Un ejemplo de esto es que algunos dicen, y digo que dicen porque no sé lo que piensan, que la belleza es simple, fácil, y otros manifiestan que la belleza es difícil. Personalmente no tengo la idea formada y aún menos la mirada educada para posicionarme a favor de alguna de las dos perspectivas sobre la belleza, aun acertando su razón de belleza como armonía y perfección.  
Los pasos, en este caso por el Prado, lo que me incitan es a mirar y a mirar, a observar por curiosidad, también por naturalidad; ¡qué hago en un museo si no mirar! Y digo que cada vez que entro en el Museo del Prado lo primero que me siento es un asombro por esa educación de la luz que "auroran", "mediodean" o atardecen sus paredes. Pero el mirar hay que acotarlo, hay que llevarlo a un tiempo limitado, pues si así no lo hiciera el asombro se escaparía de mi entendimiento, cambiaría de nombre y también de palabras. 

Una vez el tiempo cumplido, el caminar de nuevo por El Retiro se me hace más íntimo y todo él se me abre con distintos tonos de colores o de sombras, de arenas o de vuelos de pájaros, a los que, quizá un nuevo y pretenciosos entendimientos, me hace casi creer que puedo cogerlos.


Madrid, abril de 2006.

viernes, 6 de febrero de 2026

ALGO SECUENCIAL, POÉTICO.






 Los pasos ausentes, esperados dentro de una hora que es hábito insustancial por ser marcada, ver el mismo dentífrico vacío, asomarse a un televisión de fútbol a al bochorno del famoseo, lo quemado de una tostada de pan en bocas de prisas que agobian, el mismo e inmóvil semáforo con luz verde que no pasa nadie, el sudor en un vagón de metro atestado de gentes, casi impenetrables, el empujón de otro que jamás se detiene, la cárcel de un ordenador en blanco, el sentirse dentro de un presente que se rompe al intentar parchearlo para remediar lo irremediable; todos motivos que alimentan o devoran el orgullo intelecto, todos reparos lacerantes para una única y común razón urticante. sin embargo, la posesión de aquellos pasos ausentes tejida en ecuaciones de aire, es nimia necesidad del engaño por imposición de un yo mismo, de la desesperación de un ya, en instante perdida, de la locura sin sumidero para el credo de poderse. La angustia de unos ojos qui ni vemos ni nos ven pero que nos amedrentan con presentirlos, el oído como dardo clavado en sangres. todos círculos que como fotografías muestran lo precario de una naturaleza simple. La persona, vegetal y carne - yo creo que sólo carne - voraz ímpetu con alas de gorrión, sol de delirios, de furor hueco, fiebre a la caza de un corazón carcomido. Los dioses, espurios por nombrar un ciclo absoluto, reclaman un sin número de inmolados para su sostén; con el peso de la lluvia sus mismos cuchillos se hacen arena y luego golpe que rompe, aturde, desde la cresta amanecida hasta los huesos rotos por su peso en sí; restos de iras ignorantes. Y las fiebres, ya muertas, recogen la polvareda desierta y seca de unas miradas que, aunque perdidas, todavía esperan los mismos pasos ausentes, pero entonces ya sin horas.



Madrid, abril 2018.

miércoles, 4 de febrero de 2026

DE "RELATOS, CUENTOS Y OTRAS COSAS".

 



Esperanza; una mendiga en Madrid.

 

Los pies sucios, ennegrecidos por la noche cerrada y sin luna, por el hollín sobre los asfaltos fríos. Una mano en el aire se alza para conciencia de los que pasan sobre tus cartones de silla y cama, por el borde retador de tu lata, y lo hacen sordos a tus latidos de rodillas dobladas al destino de una época volcada al egoísmo que separa, margina, olvida y después mata. Una mano al aire se alza y la otra dentro de un viejo abrigo de mocedad libre, feliz y grata de sol y de fruta en el paraíso que apuntan sus labios ya al olvido, para castigo de toda persona esculpida por el fuego de la ira y la venganza. De sus ojos, por su rostro, el lloro de desengaño baja.



Madrid, febrero de 2005.



martes, 3 de febrero de 2026

DEL LIBRO "NO SOY DE CRISTAL"




EXHORTACIÓN.

 

¡A quién pida el viento

de las floraciones de nuevas lunas,

de mareas que aún besan su lecho,

o del beso de la vida vagabunda,

le digo que la espiga

no brota sin riego, sin luz clara!

 

¡A quién espera los horizontes

de las mañanas no amanecidas

desde el espejo que lo retrata,

o en el asfalto que lo funde,

le aviso de su caminar a tientas

mientras no historien el tacto de sus manos!

lunes, 2 de febrero de 2026

DE RELATOS, CUENTOS Y OTRAS COSAS.




 




Pincel de la noche.

 

Una columna del Partenón se yergue desde las ovas del pez Tierra hasta la mirada de mis pulmones que embrida de asombro, repta por el velo tremolante de la voluptuosa Nyx. Unos pasos y sólo sé que soy tras la fuga cruel de lo antes ido, en el vacío que dejan las sensaciones no sentidas, por el hueco roto del viento parturiento y silente que mata las amebas del profundo charco que aguan unas lágrimas de sal y llama. Es dar mi mano y no coger nada, es posarme sobre la arena y no dejar huella. ¿Acaso tú me ves? ¿Acaso me oyes? ¡Responde! Contéstame pronto que el nanoinstante de convergencia también pasará.

 

Madrid, abril de 2006.