Pincel
de
Una columna del Partenón se yergue desde las ovas del pez Tierra hasta la
mirada de mis pulmones que embrida de asombro, repta por el velo tremolante de
la voluptuosa Nyx. Unos pasos y sólo sé que soy tras la fuga cruel de lo antes
ido, en el vacío que dejan las sensaciones no sentidas, por el hueco roto del
viento parturiento y silente que mata las amebas del profundo charco que aguan
unas lágrimas de sal y llama. Es dar mi mano y no coger nada, es posarme sobre
la arena y no dejar huella. ¿Acaso tú me ves? ¿Acaso me oyes? ¡Responde!
Contéstame pronto que el nanoinstante de convergencia también pasará.
Madrid, abril
de 2006.
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