sábado, 10 de octubre de 2026

HISPANIDAD; UN SOLO ORIGEN.

 




La Hispanidad: una herencia histórica de raíz española y cristiana

 

La palabra «Hispanidad» se emplea con frecuencia de manera imprecisa, hasta el punto de confundirse con cualquier realidad cultural existente en los territorios de habla española. Sin embargo, si se quiere utilizar el término con rigor histórico, conviene delimitarlo: la Hispanidad designa, ante todo, la civilización que España proyectó en América a partir de finales del siglo XV. Esa civilización era europea y cristiana, y llevaba consigo una lengua, una concepción de la persona, unas instituciones políticas y administrativas, una tradición jurídica y un horizonte cultural formado durante siglos.

 

Una civilización con raíces históricas definidas.

 

España no llegó a América como una realidad improvisada. Era el resultado de una larga formación histórica en la que se habían integrado la herencia de Roma, el cristianismo, la tradición visigótica, la experiencia medieval de los reinos peninsulares y la construcción de la monarquía hispánica. Por eso, lo que se trasladó al otro lado del Atlántico no fue únicamente el idioma castellano ni una estructura de poder, sino un modo de entender la sociedad, la autoridad, la justicia, la educación y la vida comunitaria.

En el terreno jurídico, dicha herencia remitía de manera decisiva al derecho romano, reelaborado por la tradición medieval y por el derecho castellano. De esa matriz procedían conceptos relativos a la propiedad, los contratos, la sucesión, la organización municipal, la administración de justicia y la autoridad pública. Todas las instituciones creadas en América —cabildos, audiencias, virreinatos, universidades y tribunales— se inscribieron en ese marco. Con sus contradicciones y sus desigualdades, formaron parte de un orden institucional reconocible como hispánico.

 

Lo prehispánico y lo hispánico no son sinónimos.

 

Desde esta perspectiva, las civilizaciones maya, mexica o inca no forman parte de la Hispanidad en sentido originario. Son realidades anteriores, con lenguas, religiones, sistemas políticos, conocimientos y tradiciones propios. Llamarlas «Hispanidad» sería borrar precisamente aquello que las hace históricamente singulares. Lo maya es maya; lo inca es inca; lo hispánico es lo que nace de la presencia y de la acción histórica de España, así como de la posterior apropiación y transformación de ese legado por las sociedades americanas.

Esta distinción no implica negar la influencia indígena en la formación de las naciones hispanoamericanas. La historia americana posterior a la conquista es también una historia de encuentros, conflictos, mestizajes, adaptaciones y resistencias. Muchas costumbres, alimentos, palabras, expresiones artísticas y formas de organización local de origen prehispánico se incorporaron a sociedades que, al mismo tiempo, adoptaron la lengua española, el cristianismo y numerosas instituciones de matriz europea. Por ello, la cultura de cada país americano puede ser plural y mestiza sin que todos sus componentes deban recibir el mismo nombre.

 

Hispanidad no equivale a globalismo cultural.

 

También conviene diferenciar la Hispanidad de un globalismo cultural que reúne bajo una misma etiqueta todas las tradiciones presentes en el espacio hispanohablante. La Hispanidad no es un catálogo universal de culturas ni una simple suma de identidades. Es una comunidad histórica articulada en torno a elementos concretos: la lengua española, la tradición cristiana, una determinada genealogía jurídica e institucional y una memoria compartida, aunque discutida y diversa.

Precisar este concepto no obliga a idealizar el pasado. La expansión española produjo violencia, explotación, rupturas demográficas y profundas transformaciones sociales, al tiempo que creó instituciones, ciudades, universidades, redes económicas y un espacio cultural común. Reconocer ambas dimensiones permite evitar tanto la propaganda idealizadora como la condena simplificadora. El rigor histórico exige distinguir, contextualizar y nombrar cada realidad sin convertirla en arma de una disputa contemporánea.

 

Nombrar con precisión para comprender mejor.

 

Respetar a los pueblos prehispánicos consiste, entre otras cosas, en reconocerlos en su propia identidad y no absorberlos retrospectivamente bajo categorías que surgieron después. Del mismo modo, comprender la Hispanidad requiere admitir que posee un origen y unos contenidos históricos específicos. No todo lo que existe en América es hispánico, del mismo modo que lo hispánico no agota la riqueza cultural de América.

La Hispanidad puede entenderse, por tanto, como la continuidad —transformada en tierras americanas— de una civilización europea y cristiana, heredera en buena medida de Roma y desarrollada por España a través de su lengua, su derecho, su administración y sus instituciones. Diferenciarla de las civilizaciones prehispánicas no rebaja a estas últimas: las sitúa en el lugar histórico que les corresponde. Solo mediante esa precisión es posible hablar con claridad, respetar la pluralidad del pasado y evitar que los conceptos pierdan todo significado.

 


DE "POEMAS DE TINTA Y AIRE" 2007.

 





LA RUPTURA —destrucción— es un simple poro
infectado de sinrazón
por el aliento pútrido del tiempo que nos pasa,
con sus alas negras,
y dejarnos bajo su extensa sombra.

La resistencia —unión— es la pústula
que aventuramos a reventar, en pico de alfiler,
como única epopeya por sentido del paso
a medio dar dentro del bosque renovador
de los regueros calientes de nuestros propios humores.

domingo, 4 de octubre de 2026

POEMARIO "PALABRAS DE TINTA Y AIRE" 2007.

 








UNO SE VA y parece que no está;
                                  flor de una sola mañana
                                  hasta que su calor desaparece
                                  en pico vuelto al rocío.
La palabra en ecos se desvanece
y en oídos se aquilata
asustando en susurro sus agonías
que a todo imprime sentido.
La flor cae sobre el suelo
pero su aroma por su nombre queda
en labios esculpidos;
                                fronteras del Uno también pasan.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Del poemario "NO SOY DE CRISTAL" . Año 2022,



CONFUSIÓN ÉTICA.

 

 

 

Uno no sabe si lo de “aceptar” corrompe,

           hasta el hastío,

como los huracanes de hoy anuncian,

o el vocero adalid supura desde su propio aplauso acomodado.

 

Aceptamos desde el nacimiento,

con la simpleza por ser,

las dos caras de la moneda;

           nos compramos y nos vendemos

por tantos infinitos, sean trabas o sueños,

que, aún al final del camino, no nos conocemos.

 

El vuelo de una rapaz, el aullido del lobo

pudre los ojos del conejo en su verde hierba,

el sueño vacilante del pastor.

La vida es una compresa que absorbe

las mareas de la mar que nos espumea,

hasta sabernos ser,

desde el asidero de un vivir monolítico.

“Corrompe” la violación de lo ético,

las mil pinturas con la que vestimos

las mentiras, las apariencias desnudas de una sola mirada.

“Corrompe” un todo vale, un qué más da,

                     un ahora y el ya,

el no entender la pausa del tiempo

entre su orto y su poniente.

“Corrompe” el desconocimiento, la inanición

del valor de la palabra dada, la intemperie

de la masa amorfa, dúctil, banal, cruel,

como hace el aire con el alma del hierro.

 

Hay que levantarse y ser mirado

aunque sea por cualquier horizonte;

                     sea dulce, insípido o vacío,

a pesar del anillo fraguado en cada vida,

y eso, sabiendo que no será suficiente.






jueves, 3 de septiembre de 2026

"DE ANTOLOGÍA 1977-2000"

 







La razón,
              en voz baja,
se agiganta, crece
como embrión fecundo.
Dentro del vientre de una madre,
              en voz alta,
La razón,
se encoge, se rompe
como vara de avellano
a la intemperie helada
de una noche invernal
y de nubes despojada.
¿Por qué todos voceamos
asustando a los corazones
que se posan en nuestras manos?

lunes, 31 de agosto de 2026

ROMANCE DEL FRITO AUSENTE.

 






Romance del frito ausente




En la casa del verano
hubo junta y alboroto,
que llegó Mar tan campante
con el bolso casi roto.
Traía dones marinos,
sardinas de humo glorioso,
encurtidos muy marciales,
y aceitunas con buen rostro.
Traía almendras lustrosas,
con su crujido sonoro,
y un chorizo de buen gamo,
digno de rey y de trono.
Mas apenas vio la mesa
M. José, con grande asombro,
se le heló medio semblante,
se le encogió todo el hombro.
Miró cuencos y bandejas,
miró plato, pan y todo,
y al no hallar patata alguna
se le nublaron los ojos.
“¡Ay, Mar de mis entretelas,
qué descuido tan sonoro!
Traes el mar, traes la huerta,
¡mas falta el rubio tesoro!”.
El hermano, muy solemne,
como alcalde de protocolo,
levantó ceja prudente
y dictó sentencia al modo:
“Sin patatas en verano,
sin su crujido redondo,
el aperitivo queda
como campana sin bronce.
Podrá haber sardina fina,
podrá haber gamo famoso,
pero si falta la bolsa,
todo parece poco”.
Calló Zuri bajo la mesa,
con nariz de sabio docto,
que no olía aquel perfume
de aceite, fiesta y reposo.
No pidió migas ni tapas,
no dio saltos codiciosos,
pues sin patatas fritas
no hay milagros en el morro.

Mar, que escuchaba la causa
y veía crecer el coro,
se reía sin defensa,
con risa de puro gozo.
“¡Válgame santa croqueta,
qué tribunal tan curioso!
Traigo medio colmado entero
y me miráis como a un monstruo.
Mañana cuento a mis amigas,
con detalle y con adorno,
que por olvidar patatas
me habéis abierto proceso.
Diré que me han condenado
sin abogado ni indulto,
por delito de despensa
y desacato al aperitivo”.
Rio M. José en la silla,
rio el hermano a su modo,
y hasta Zuri, si pudiera,
hubiera firmado el folio.
Brillaban las aceitunas,
reía el plato orgulloso,
mas seguía allí flotando
un silencio misterioso.
Era el hueco de la bolsa,
era el vacío más hondo,
ese espacio que en la mesa
deja el tubérculo de oro.
Porque hay leyes no escritas,
mandamientos sabrosos,
que no figuran en libros
ni se aprenden en colegios.
La primera dice clara,
con acento vigoroso:
“Si hay aperitivo serio,
que haya patata en el fondo”.
La segunda manda luego,
por consenso de los propios:
“Quien traiga chorizo y sardina,
traiga también crujir hermoso”.
Y la tercera concluye,
entre risas y alborotos:
“Perdónese todo olvido,
menos el frito sabroso”.
Mar juró desde aquel día,
con gesto grave y devoto,
que llevaría tres bolsas
por si faltaba un socorro.
Una para M. José,
otra para el juez hermano,
y una tercera escondida
por si Zuri mete el morro.
Así acabó la contienda,
sin rencores ni destrozos,
con sardinas en la mesa
y con chanzas en los rostros.
Mas quedó escrito en la casa,
sobre memoria y asombro:
no hay domingo verdadero
si no cruje algo en los ojos.
Y si Mar vuelve otro día
con regalos generosos,
antes que abra la puerta
preguntarán todos pronto:
“¿Traes patatas, hermana?
¿Traes el oro de todo el año?
Que sin bolsa y sin crujido
se nos marchita el estómago”.
Y ella, riendo, responde,
con aire noble y gracioso:
“Traigo patatas de sobra,
¡que ya aprendí vuestro código!”.

 

 

 

 

 

 

Finca El Brezo, Navamorcuende, 30 de agosto de 2026.