CONFUSIÓN
ÉTICA.
Uno
no sabe si lo de “aceptar” corrompe,
hasta el hastío,
como
los huracanes de hoy anuncian,
o
el vocero adalid supura desde su propio aplauso acomodado.
Aceptamos
desde el nacimiento,
con
la simpleza por ser,
las
dos caras de la moneda;
nos compramos y nos vendemos
por
tantos infinitos, sean trabas o sueños,
que,
aún al final del camino, no nos conocemos.
El
vuelo de una rapaz, el aullido del lobo
pudre
los ojos del conejo en su verde hierba,
el
sueño vacilante del pastor.
La
vida es una compresa que absorbe
las
mareas de la mar que nos espumea,
hasta
sabernos ser,
desde
el asidero de un vivir monolítico.
“Corrompe”
la violación de lo ético,
las
mil pinturas con la que vestimos
las
mentiras, las apariencias desnudas de una sola mirada.
“Corrompe”
un todo vale, un qué más da,
un ahora y el ya,
el
no entender la pausa del tiempo
entre
su orto y su poniente.
“Corrompe”
el desconocimiento, la inanición
del
valor de la palabra dada, la intemperie
de
la masa amorfa, dúctil, banal, cruel,
como
hace el aire con el alma del hierro.
Hay
que levantarse y ser mirado
aunque
sea por cualquier horizonte;
sea dulce, insípido o
vacío,
a
pesar del anillo fraguado en cada vida,
y
eso, sabiendo que no será suficiente.
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