DEJAR de ser el de todos los días,
convertirme
en barro
de
otras lluvias, es derramarme
sobre
lo acabado de mi huella,
en
un surco hondo y demoledor.
Otros
mástiles de viento y sol
ya
atraparon nuevos pulmones
desde
unos lejanos pinceles de mi infancia,
bajo
los zurcidos pantalones
que
serán de lo andado mortaja en mi ataúd.
Otros, yo también distinto
al
instinto, que ya es seco,
de
ese otro que pasó y que ahora no soy.
¿Por qué sentir lo sentido de ese otro que ya pasó?

No hay comentarios:
Publicar un comentario