jueves, 15 de enero de 2026

POEMA DE "NO SOY DE CRISTAL".

 







VUELTA AL ENCUENTRO.

 

En el yermo de las agujas del reloj

me planto, con la mirada, aún no vencida,

con mis manos llenas de húmeda tierra

en desafío al mordisco del viento que todo quiere llevarse

sin nombres, sin palabras ni acentos.

Con mis puños cargados de tierra,

me acercaré a la mudez del Hombre,

y a él, le invitaré a tocar la tierra

que soy, que llevo.

Le enseñaré a olerla, que sienta su movimiento,

que palpite junto a ella como entonces,

luego de miles de días y también de noches,

como hacía en el regazo de vida por luchar.

   Con mis puños cargados de tierra,

   inventaremos un abecedario, nuevas estrellas

   que pondremos, como chinchetas, en el tapiz de la noche.

  Y quizás, sólo quizás,

  nos llamemos en la voz que siempre nos enlazó.

Pero si no, seguiré camino

por este yermo, hasta que el vuelo de la palabra

me devuelva la identidad

de lo que soy y siento.

Caminaré sin flaquear,

y si me aparezco en el espejo del desánimo,

         apretaré mis puños llenos de tierra

y volveré a ser ella, a respirarla como aliento sagrado,

para luego, seguir, seguir la busca,

hasta el confín de otro Hombre.

Y no me agotaré porque soy tierra,

porque llevo luna y sol, porque soy árbol,

y también lluvia, río y mar.

¡Y esperaré!, esperaré una voz que me nombre

con mis puños cargados de tierra.

Y aún en silencio, continuaré, estepa abierta,

sobre el blanco que sostiene los mediodías

hasta que mi saber sea amamantado por el fruto

de los olivos, hasta ser brisa rizada

de las olas, o la mar que besa la tierra.

También seré acantilado, para bajarlo

desde mi vista curiosa,

o subirlo por la cicatriz del eco,

rompiendo mis vestiduras,

en la sinrazón de un canto de sirenas.

Me avisaré en viento a la lluvia,

en ocaso a los astros por venir,

al ahora que busco y que escribo.

Me anunciaré a todos, a ti y a mí,

y empujaré a las nubes, animándolas

en su huida, de sus sombras frías, lóbregas

que en ayeres nos fijaron las sangres.

Y el calor será para todos,

Sí, para ti y para mí también, ya que te nombraré

o me nombrarás con voz nueva para inicio de amaneceres.

 

Entonces, los dos, si la palabra floreciera,

iniciaríamos unos pasos en tierra húmeda,

hollándola por el peso de lo que somos,

y jacintos, laureles, albahacas y tomillos

colgarían sobre el cuello de Eolo,

en el apéndice de un creciente mundo

como regalo al desnudo de toda Atenea.

Nos elevaremos, por las eras del mármol,

 proclamando la palabra en palpitaciones

de un viento no engendrado en la oscuridad,

ni en la cueva, y sí, al céfiro abierto desde los mismos

brazos del sol. Invitaremos a quienes nos oigan,

y a los otros, con más deseo si cabe,

a escuchar la hierba que crece, la sinfonía

del orto antes de moverse.

Veremos el baile del búho y de la alondra

como de la naturaleza su haz brillante

por justo cumplimiento,

o de la vid su rito vendimiado.

Nos detendremos más cerca del silencio

hasta que, por sorpresa del respiro,

mil y más, muchas más palabras,

resuenen en las grietas de las piedras

para nacimiento, en ese instante,

de lo no encontrado y quizá dicho. 

 

Y la esperanza, vendrá, con pálpito,

en busca de la voz que no cesa

del Hombre que se nombra, que se llama,

y oye el eco del otro que le canta desde otros nombres.

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