domingo, 11 de enero de 2026

POEMA DEL LIBRO " NO SOY DE CRISTAL".

 


TRÁNSITO.

 

 

 

La nueva brisa emerge

desde los árboles

que intuyo aún con mis ojos cerrados

y me dejo llevar, en misterio profundo,

hasta el silencio del antes,

de un día numerable.

 

Y con el viento que al mundo mueve

me abandono hasta el perfil

de mi propio retrato,

hasta mi interior que me forja sin atajo

para aventura de mis únicas iniciales.   

 

RESUMEN DEL POEMARIO "NO SOY DE CRISTAL".

 




 

 

 

 

 

 

 

_______________________________

 

 El Hombre de cristal terminará por romperse, aun sin saberlo. Dentro de estos poemas, el autor se pone ante la realidad que sabe devoradora si no se disuelve en ella.  Por eso, Manuel, en su escritura, es el quien se agota, el que se despierta, el que se sabe solo o el que está bajo una tormenta, para decirnos que no sufre el suspiro o que no se siente como la mojada una piedra. En los versos que aquí nos muestra hay instantes, actos, palabras, pequeños pellizcos de la realidad cotidiana que son los que hacen sentirse vivo al autor, intentando alejarse, o más bien desnudarse, de los idealismos y sentimentalismos que en estos tiempos fluyen como veneno por cualquier vertiente social que analicemos. Quiere ser protagonista de su ruptura, vivirla y así ser consciente de él mismo. De lo que él es.

En esta obra de Manuel se nos presenta, unidas, dos vertientes muy diferentes: el aprendizaje del desengaño como método para vivir y su vida misma, que son cosas muy diferentes. En cualquiera de los casos será el lector el que tenga que descubrir, a través de la reflexión poética, el momento en que cada verso ancla su sentido. Quizá sea una trampa que pone Manuel al lector, o quizá sea todo lo contrario. Sólo hay una manera de saberlo; entrar en el espacio creador del autor.

Las palabras son los instrumentos que atan a Manuel a la realidad, las cadenas que lo sujeta a ella sin más alegatos. Escribe las frases, los versos sabiendo que él se cansará. Se pone bajo una higuera para oler los higos y refugiarse, él, bajo la sombra del sol de verano, y no para relajar su brazo en conceptos de tinta, o para saborear la fruta de unos supuestos dioses.

Los versos de esta colección nos hablan de tiempo consumido. Ese mismo tiempo no, pero sí otro, en presente o como futuro, está marcado en estas paginas que espero sean un regalo para el lector.

 

 

miércoles, 27 de enero de 2021

SONETO ELEGIACO A PEDRO PABLO POLO ASENSIO.






 

De cuajo, el hacha en tajo, en oscuridad,

 cerró tus carnes, hurtó en sí tu viento,

 te llevó en su boca como alimento,

 raptó perenne tu umbría intimidad

 

 en yunque sin pendiente. Malignidad

 del hacha, en tajo fino y sediento

 del licor de tu pecho, sarmiento

 seco por tu halo de fecundidad

 

 que fue tu vendimia. Aquí el mundo

 rota de su noche a su día, sin más,

 guión único, natural, rotundo.

 

 Pero a mí la oscuridad dónde estás

 me duele, de la vista a lo profundo,

y en mi voz, tu muerte está en el jamás.

 

 

 Madrid, 24 de enero de 2021.

                                                                                                                                                                    

 

jueves, 13 de agosto de 2020

DE MAÑANA.

 

POEMA.







Ya el gallo cantó. El sol se abre paso

Hasta las alturas de los árboles

que regalan sus verdes oscuros en vivaz brisa atemperada, aún, de noche

gustosa por las sábanas sobre los cuerpos desnudos.

Los pasos dentro de la casa van sonando

hacia la vivaz meta del día que se abre,

como el cielo está, entre el pan tostado,

con el baile de tomates, de aceite y de ajo,

sobre la mesa de muchos tiempos heredados.

Una hermana me llama. Y salgo de los mundos

que la higuera me regala con sus sombras

de raíz húmeda e higos maduros,

con su olor que me da lo que ahora soy.

Una hermana me llama; ¡voy!¡ya voy!


El Brezo, 13 de agosto de 2020.

domingo, 9 de agosto de 2020

ROMANCILLO A MIS AMIGAS DE JAÉN.














Te voy a cantar una historia

joven de parca lengua,

para que en tu camino,

espero de muchos días,

te sea de apoyo y no de mengua

en tu saber y sabiduría.





Nací en la tierra de los olivares,


de sierras ocres, de campiñas

varias según el viento sus cantares.

Se llama Jaén y en lejanos

años, otros nombres les dieron

los que allí su sangre dejaron.

Pues ahí, y en la dulce infancia,

conocí a una risueña niña

y al poco, como de natural es la lluvia,

estábamos jugando calle arriba o calle abajo

al son del alto y viejo campanario.

La niña se hizo zagala

y yo muchacho imberbe,

dejando las correrías

por paseos y algunas veladas

que parecían ser de mayor importancia.

Las primaveras fueron pasando

como llegando más amigas

y más muchachos de barbas rasurando.

Pero tres los nombres te daré;

Carmen, la de mi infancia,
ágil y nerviosa como el rabo de una lagartija.

M Carmen: de las horas
hacía siestas que de agua estaban secas.

Victoria; de las tardes de terraza
era sudor su espera hasta que el gallo cantaba.

Con las tres sigo la amistad

por ventura y, con los tiempos pasados,

cada cuál vivió por fortuna

sus deseos de hacer vida

y traer hijos a este mundo

que, como Quijote, no es por locura

sino por libertad que a aquella sólo se le ventura.

¡ Y créeme muchacho!, a esta edad

en la que sé menos por conocer más,

sigo junto a aquellas tres zagalas

brindando del vaso de la amistad

para saborear de la ambrosía

que da el fruto de saberse amigo.



¡No me mires así chaval!

que aunque te digan lo contrario

lo único que elejirás en tus días

será a la mujer que te ame

y a los pocos amigos que te agranden

el surco que al final dejarás

en las manos o en la memoria

de los que viste  y tocaste,

pues el viento de este mundo

te borrará como una estela de mar

aún estés en lo alto o en lo profundo

de la estepa que tienes que andar.




El Brezo, ocho de agosto de 2020.

domingo, 17 de mayo de 2020

RECORDANDO CON RAFA.




Hay personas que dicen que los recuerdos nunca se deben recoger. Yo creo que hay que cosecharlos en su estación para saborearlos y compartirlos, si no qué sentido tienen.
En estas sencillas líneas comparto contigo, amigo Rafael, algunos. Son recuerdos que, por el paño amarillento del tiempo, apenas se reconocen y posiblemente distorsionen la realidad que por aquellos entonces vivimos. Del espejo del tiempo salen los sábados de madrugue y fútbol, del aperitivo de cañas y partidas en la máquinas de bolas en Aguilar. Las tardes de sesión continua en el cine Capri, o el Granada, que, a veces, sólo a veces, dejaban su continuidad por la sonora bofetada que una moza le daba a alguno de la panda por intentar robarle un beso, o por regalarle un tocamiento deseado y que se rechazaba sin más argumento que la insistencia; era aquello de “el que la persigue la consigue” y que ellas mismas nos decían con sus labios salados de pipas. ¡Qué tardes!





Sigo pasando el paño por el azogue, y nos vemos en tu  SEAT 850, el primer coche de la pandilla, bajando y subiendo la carretera de Valencia como infantes en caballos de libertad. Las partidas de tenis en las primeras máquinas electrónicas, las primeras citas con chicas en la Cruz Blanca de Goya y los primeros “tanques”- plantones – que nos cabreaban y que más tarde trataríamos de vengar en los guateques de bombilla rojas y roces que sólo nos inflaban más las hormonas.
Sin darnos cuenta dejamos de ser infantes y las calles de la vida nos hicieron cabalgar como caballeros en armas para conquistar el futuro. Desde ahí, justo desde ahí, cada cual cabalgó por senderos distintos y muchas veces opuestos, hecho por lo que el retrato del tiempo compartido ya no era tan común, sintiendo y comprendiendo que, el vinculo del jardín, de los pasillos de escondites, de los huecos de ascensor confesores de intimidades, de las partidas de futbolín en las tardes de tedio lluvioso, de las postales que los veranos nos regalábamos, de todos los secretos de nuestra adolescencia, se quedaría en foto fija a la que un día u otro  volveríamos. Hace unos momentos he doblado la esquina del ahora y he vuelto a esa foto que sigue, aunque algo más descolorada, pero sigue, en el espejo que un día nos devolvió, en movimiento, juntos.
A partir de ahora, quiero imaginar que tu recorrido seguirá por otros aires, por otros cines y por otros campos de fútbol sabatinos, pero lo que estoy seguro es que lo harás en un SEAT 850. ¡Que recorras muchos kilómetros amigo Rafa!

viernes, 1 de mayo de 2020

REDACCIÓN PARA EL DÍA DE LA MADRE.







Te quiero mucho mamá. ¡Felicidades! Hoy te regalo esta redacción que me mandaron en el colegio. Te doy las gracias por lo bien que me cuidas, por tus besos, aunque a veces me besuqueas sin parar y no me gusta, por las cosquillas que me haces cuando me lavas. Te quiero mucho mamá por todo lo que haces por mí y mis hermanitos. Gracias por cuidarnos y por querernos tanto.
¡Muaaaaa!, tan grande como el Sol.

Tu hijo Manolín.











Imagino que eso escribiría estando en párvulos. Con siente años quizá diría más, no lo sé. El caso es que recuerdo a mi madre peinándome el flequillo, poniéndome la corbata, que, la llamaban de chicle, por llevar una goma para sujetase al cuello. La veo, en el vivir del recuerdo, cogiéndome de la mano cuando salíamos a la calles. ¡La protección de las madres!, dicen. ¡Bendita protección!
Creo que si ahora me mandaran una redacción los maestros del colegio, no sería tan clara y sencilla como aquella que escribiría con siete años.
Me quedo con eso:

¡Muaaaaaa!, tan grande como el Sol.






Mayo de 2020.